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En esta página encontrarán la Consigna para realizar el TP 3 y el artículo de Onavis Cabrea
TP Nº 3 Consigna rev
Perfil del Educador Popular Onavis Cabrera
3º TP Camila Aquino
TP 3 Karin M S
Trabajo-Práctico-3 GFK
En la página Videos encontrarán material tomado durante el Tercer Encuentro Presencial (29 y 30 de mayo) que puede ser de utilidad para este trabajo práctico
Reflexión sobre las características de un/a facilitador/a Muchas son las preguntas que aún restan responder acerca de lo que implica facilitar… muchas son las preguntas que siguen surgiendo y que fueron posibles gracias al proceso recorrido y que seguimos recorriendo… ¿Qué implica facilitar? ¿Qué se necesita para facilitar? ¿Por qué facilitar? ¿Cuáles son las características qué tendría que tener un buen facilitador? Etc, etc, etc… Luego de leer el texto recomendado para la elaboración del trabajo , quedó resonando en mí la pregunta de por qué se vuelve necesaria la Filosofía de la Educación Popular cuando se habla de facilitar procesos comunitarios participativos. Es una pregunta cuya respuesta puede parecer obvia, que podemos pensar que no es necesario hacerla, etc; pero me interesa el punto de ahondar en ella para recalcar cada día la necesidad de comprender y aferrarse a esta forma de entender, mirar, observar y operar la realidad. En mi opinión, creo que es imprescindible que se parta desde la base de la Educación Popular para hablar de acompañar procesos grupales, ya que desde aquí se parte de una concepción del ser sujetos colectivos, de ver y entender al otro, al prójimo, diferente al que por lo general lo hacen las distintas ciencias posmodernas. Se trata de ver al otro como sujeto de conocimiento y no como un simple objeto de estudio. Se trata de pensar y construir(me) con el otro y no pensar por él y construir para él. Se trata de reconocer que necesito del otro para aprender, y de reconocer que es el otro quien sabe de sí mismo, de su grupo y de su proceso mejor que yo. Se trata de querer acompañar procesos que no nos son propios, ya que nuestro proceso pasa por otro lugar. La educación popular es una alternativa a la educación bancaria, a la educación convencional, disciplinaria, igualadora y “opacadora” de las diferencias. Se intenta partir de las diferencias de saberes, de roles, de vocaciones, de debilidades y de fortalezas para que en ese bagaje cultural surja la riqueza. No intentamos fundirnos en una homogeneización que inhiba nuestras individualidades y singularidades, sino que desde la diversidad del colectivo se retroalimenta y reconstruye nuestra individualidad, pasando a ser el colectivo algo más que la suma de las individualidades, convirtiéndose así en algo que es más que todo ello. Ese entre grupal, que sería todo lo que acontece en el grupo (desde situaciones, contextos, características individuales, etc, etc) es algo mucho más grande de lo imaginable, es algo que no puede predecirse porque surge de lo diverso, cotidiano y espontáneo del vivir diario y compartido. Desde este bagaje complejo, desde esta diversidad ardiente y constante, desde la aventura de la incertidumbre de los grupos que deciden recorrer sus propios caminos escapándose de las ataduras de lo instituido, de lo dogmático y disciplinario es que me gusta pensar el rol del facilitador como promotor del pensamiento crítico alternativo. Como un agente que aparece para ayudar e inspirar a pensarse en nuevos caminos, en nuevas situaciones, con nuevas respuestas y preguntas… facilitar al grupo a renacer desde donde el propio proceso de devenir grupal convoque… Interesante desafío que considero atañe al facilitador… ¿Qué se torna necesario en la figura del facilitador para lograr esto? Onavis Cabrera nombra algunas: coherencia entre el discurso y la práctica; palabra y silencio (permitir tiempo para ambas, a mi entender sobre todo la última es importantísima porque es la que más nos cuesta… dejar ser el silencio); subjetividad y objetividad (histórica puja dentro de las ciencias); situacionalidad y temporalidad (comprender el aquí y ahora, entender los acontecimientos y sucesos de las personas dentro de un contexto y reconocerlo); teoría y práctica (poder conjugarlas en praxis); comunicación (que implica la escucha, ceder la palabra, compartir las informaciones, apelar a la democratización del saber para evitar la ignorancia – pensada en su amplio concepto y no estrictamente académica como comenzó la Educación Popular-); crítica y autocrítica (poder pensar críticamente la realidad e incitar a perderle el miedo a ciertas relaciones de poder, animarse a cuestionar, a preguntar, a enfrentarse no sólo con otro sino con uno mismo); paciencia e impaciencia; tolerancia (sobre todo para respetar las diferentes opiniones y puntos de vista, y para no imponer caminos que los diferentes grupos decidan emprender); espontaneísmo y manipulación (para no caer en ninguno de estos extremos). A grandes rasgos estoy de acuerdo con todo lo planteado. Agregaría también: - Poder promover la autonomía: para eso es importante buscar la manera, como facilitadores (que eso no es cuestión de repetir recetas sino de buscar el camino junto al otro) de generar confianza en el/los otro/s sobre sus habilidades y fortalezas. Recalcarlas y pensar con ellos sobre cómo construir con eso. También hablar sobre el reconocimiento de las debilidades para pensar qué hacer con eso, si se pueden o no mejorar, etc. Esto también ayuda a pensar en los objetivos grupales desde los pies en la tierra, pensar nuestros límites y no concebirlos como limitaciones. También es importante cómo el facilitador se expone, que tan necesario se muestra para el grupo, qué tanto puede y acepta delegar responsabilidades, hasta qué lugar se hace cargo de responsabilidades que pertenecen al grupo, etc. - Espontaneidad que no sea sinónimo de espontaneísmo. Considero que los grupos para que vivan sanamente (así como las personas) tienen que estar gobernados por la alegría, pero no forzada ni obligada a ser. Para ello considero importante permitir la espontaneidad de los integrantes, propiciando un ambiente lo más cálido y accesible posible. Esta espontaneidad es la que se ve en el juego, en el chiste, en el arte (música, expresión plástica, teatro, etc). Promover tiempos para ello, para el conocimiento entre los integrantes desde este lugar descontracturado, para darle lugar a la creatividad y afianzamiento de los vínculos que seguramente enriquezcan también la tarea. - Apertura y calidez del facilitador para el grupo. Generar espacios de complicidad, de diálogo fraterno y empático. Mostrar alegría y simplicidad a la hora de hablar. Hay quienes dicen que los intelectuales son los que dicen cosas simples de forma muy compleja, y los artistas quienes dicen cosas muy complejas de forma simple. Creo que tendríamos que poder acercarnos al formato de discurso artista. - Ser observadores: para lograr una buena capacidad de observación y un discernimiento lo más objetivo posible de las realidades personales, grupales y sociales (incluyendo su propia realidad personal). A mi modo de ver, esto es fundamental para visualizar el sentido del facilitador que es operar en una realidad que ya existe, si bien es promotor de una nueva realidad, de un nuevo presente que va a devenir en el entre de este proceso de facilitación; el facilitador comienza su trabajo en un lugar, una situación un grupo que ya tiene una historia y no puede ser ajeno a ella. Desde esa situación particular es que se dará el sentido a su trabajo. - Conciencia crítica, concebirse y concebir al otro como promotor, actor y agente de cambio. Creer en que el cambio es posible, pero no individualmente, si es en el marco de un compromiso colectivo. Para que esto sea viable, es necesario que se encuentre enmarcado dentro de un ideal firme de esperanza, por el cual esté la convicción de que el cambio es posible. - Implícitamente en todo lo mencionado, radica el hecho del reconocimiento de las potencialidades de los miembros del grupo una vez que se avanza en la interacción y se profundiza en el conocimiento interpersonal. Apostar a las fortalezas personales y como colectivo. ¿Para qué facilita? Para potenciarse. Para acompañar procesos comunitarios, para acompañar búsquedas de qué se quiere ser y con eso qué se quiere hacer como grupo. Facilita para promover valores, respeto. Facilita para hacer oír voces tímidas, a veces silenciadas. Pero el facilitador o la facilitadora No facilitan por altruismo únicamente (si es que éste existe), sino que facilita porque en el encuentro con el otro se renueva, se recicla, renace, se potencia.
Karin Michelin Salomon
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